El respeto al desayuno ajeno

Hoy como casi todos los fines de semana estuve en un restaurante muy conocido de Guatemala desayunando, casi un ritual para cambiar la rutina de lunes a viernes y en general la experiencia había sido bastante positiva hasta hoy. Si tuviese frente a mi al grupo de amigas de la mesa que me acompañaba a mi izquierda por la mañana le haría la siguiente pregunta: ¿Será justo arruinar el desayuno de los demás por su felicidad? ¿Será justo que todos la acompañemos y compartamos su alegría?

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Un grupo de amigas compartían dos mesas unidas justamente a mi izquierda, la mesa (me refiero a las personas en ella) se veía completamente fraccionada en dos: un grupo de mujeres con edad un tanto avanzadas que hablaban entre ellas tranquilamente y un grupo de jóvenes que no solo gritaban sino que se reían a todo pulmón de los chistes per-matrimonio para alguna de ellas… si la intensión del grupo era celebrar una despedida de soltera eligieron el lugar menos indicado para hacerlo, tendremos que despedir a la organizadora del evento.

No solo me arruinaron mi desayuno, seguramente lo hicieron con el otro 80% de personas que me acompañaban en el espacio físico del restaurante… y por mi mente solo pasaban las siguientes preguntas: ¿Será la felicidad personal más importante que el respeto a los demás? ¿Será necesario hacer tanto ruido para demostrar que eres feliz?

Pienso que todo tiene su lugar y su momento, un restaurante un sábado a las 7.30am no es el lugar para tener una reunión de ese tipo pero así como yo puedo defender ese punto estas personas podrían defender el suyo a la perfección argumentando tantas razones como quejas yo tengo. Y si la analogía la llevamos a la calle: ¿un carro con música a todo volumen estacionad frente a un puesto de comida informal? ¿una iglesia que tiene bocinas en la puerta para compartir con todo el barrio el mensaje de Dios?… en estos casos yo solo tengo claro dos cosas: (1) yo nunca haría algo de ese tipo por respeto a los demás y (2) seguramente yo estaría tan molesto o incomodo sin importar los detalles de como se desarrolle el escenario.

Pero … ¿A nivel de comunidad pensamos lo mismo? porque creo que el pragmatismo que le pone la religión a una situación similar hace que la mayoría de personas acepten su incomodidad y creo que la principal razón por la cual sucede esto es porque no nos han enseñado a respetar y a exigir el respeto a otras personas, y eso debe cambiar: yo no me levante para pedir que bajaran el volumen de las risas y seguramente en la mayoría de los casos tampoco los vecinos levantan su mano para exigir a una iglesia que limite sus predicas al espacio físico de la misma (mucho menos entablar un proceso legal).

En fin… mañana voy a lo mismo esperando que esta vez todo regrese a la normalidad.

PD/ No voy en contra de la religión, pero si creo que puede ser el escenario más pragmático de todos. El escenario igual se puede dar en el trabajo, el hogar, estacionamientos, en la calle, etc…

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