No es el poder… es el control

“Soy adicto al control” – probablemente así iniciaría mi declaración frente a un grupo de apoyo donde todos tenemos ese síndrome de querer manejar todas las situaciones. Me cuesta dejar que otra persona maneje (sobre todo cuando esta aprendiendo aún), y allí es donde me doy cuenta que a veces vale la pena dejar el control para vivir.

¿Se puede vivir sin control? Seguro que si… pero no creo que valga la pena. Me explicaré mejor porque mientras escribo estas palabras me doy cuenta que puede ser interpretado que tener control es equivalente a estar en la zona de confort. Algo que controlas se vuelve monótono, se vuelve automático, se convierte en rutinario y eso es la zona de confort. Pero no me refiero al control que ya tenes sobre lo rutinario, me refiero a luchar por el control cuando estas en un terreno desconocido.

Si algo me han enseñado los últimos meses es que es totalmente imposible tener todo el control, creo que no importa el nivel ni el método… te puedes acercar pero nunca de forma absoluta y es justamente esa delimitación la que trato de establecer bajo cada circunstancia. No vale la pena esforzarse vanamente en tratar de tener el control por aquello que no nos genera valor, pero si por aquellas situaciones que se salen de la zona de confort y debemos controlar con un único objetivo: ampliar nuestra zona de confort.

Dejar que otra persona maneje es el menor de todos mis problemas…

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